La ciencia aumentará...

En 1789 George Washington empleó 8 días en viajar 320 km hasta su ceremonia de asunción de mando en Nueva York. El que le haya tomado 8 días en sí no tiene mayor importancia. ¡Lo sorprendente es que Julio César habría recorrido la misma distancia en igual tiempo! Durante miles de años no hubo progresos importantes en cuanto a transporte.

Moisés o Nabucodonosor podrían haberse desplazado igual de rápido. Julio César, que vivió en el siglo I a.C., se habría sentido menos desubicado en el siglo XIX que Benjamín Franklin en el nuestro. Por primera vez en la Historia, nadie muere en la edad histórica en que nació.

Se ha demostrado que el punto central de todo el conocimiento humano se sitúa hace menos de diez años; es decir, que éste se duplicó en la pasada década.


Cuando la nave Apolo 13 se perdió en el espacio, escasos 90 minutos fueron necesarios para que los ordenadores de la NASA dieran con la forma de recuperarlos. Con papel y lápiz, a un científico le hubiera tomado un millón de años la misma hazaña.

El 80% de los científicos que han existido en la Historia están vivos hoy en día. Cada minuto añaden 2.000 páginas a los conocimientos científicos que del hombre. A una persona le llevaría 5 años leer todo lo publicado cada 24 horas por investigadores y estudiosos. Anualmente se editan unos 500.000 libros.

No obstante, desde 1970, la informática se ha desarrollado con tal vertiginosidad que si la industria automotriz hubiera avanzado al mismo ritmo, ¡hoy en día se podría comprar un Rolls Royce a tres dólares!... ¡para colmo, cabrían ocho sobre la cabeza de un alfiler! El principal componente electrónico de las computadoras —el transistor— se inventó en 1948 en los laboratorios Bell. En 1994 un microcircuito podía cumplir las mismas funciones que 3 millones de transistores. Para fines de siglo, un chip podrá procesar igual cantidad de datos que mil millones de transistores. ¡Las máquinas se han vuelto tan complejas que sólo los técnicos más especializados entienden su funcionamiento!

Con todo, ¿han logrado esos asombrosos descubrimientos científicos y avances tecnológicos civilizar más al hombre o proporcionarle más felicidad? Por lo visto, cuantos más artefactos y artículos de lujo adquiere en su afán de hallar satisfacción, ¡más desdichado se vuelve!

Es innegable que la ciencia ha aumentado en el mundo moderno, pero aunque los llamados países desarrollados afirman contar con los sistemas educativos más avanzados y costosos de la historia de la humanidad, ¡la última generación que han producido —como es el caso de los Estados Unidos— es la más desorientada, ignorante y violenta de todas!


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