|
|
||||||
|
PROBABLEMENTE SABES quién es el hombre de aspecto bondadoso de la ilustración. ¡Se llama Jesús, y te quiere mucho! Cuando estuvo en este mundo, hace casi dos mil años, fue por todas partes haciendo el bien. Daba de comer a los que pasaban hambre, curaba a los enfermos, y animaba y alegraba a quienes estaban tristes y angustiados. Amaba a todo el mundo, aun a los más pobres y despreciados. Jesús siempre manifestaba gran amor, comprensión e interés por los niños en particular. Era muy amigo de ellos. Dice la Biblia que un día, mientras hablaba con una muchedumbre, unos papás y mamás se acercaron «a presentarle niños para que lo vieran» (S. Marcos 10:13). Explica que Sus seguidores quisieron impedírselo y les pidieron que no molestaran ni interrumpieran a su maestro. Pero «viéndolo Jesús dice la Biblia, le indignó lo que habían hecho Sus seguidores, y les dijo: ¡Dejen a los niños venir a Mí! ¡No se lo impidan; porque de los tales es el Reino de los Cielos! ¡En verdad les digo que si no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de Mi Padre! Llamó entonces a los niños, y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.» (S. Marcos 10:13-16; S. Mateo 18:3,4; S. Lucas 18:15-17.) Cuando Jesús hablaba, a menudo contaba historias y parábolas para ayudar a todos a entender el amor de Dios. Su doctrina era tan sencilla que todos podían comprenderla. Jamás enseñó que había que obedecer un montón de reglas y leyes religiosas complicadas y difíciles de cumplir. Lo único que hizo fue predicar el amor y demostrar amor. Incluso dijo que para observar todas las leyes de Dios bastaba con guardar dos sencillos mandamientos: ¡amar a Dios de todo corazón y amar al prójimo como a uno mismo! (S. Mateo 22:37-40.) La verdad es que Dios es tan grande y sublime que nos resulta imposible concebirlo. ¡Es el gran Espíritu de amor que nos creó, que hizo este mundo tan maravilloso en que vivimos y el universo entero! Como nos ama, quiso que lo conociéramos y amáramos; ¡y para mostrarnos Su amor y ayudarnos a entenderle, envió a la Tierra a Jesús, Su propio Hijo hecho hombre! Jesús fue un espejo de Dios. ¡Nos permitió ver cómo es Su Padre! Y la imagen de Él que nos presentó fue una de amor, ya que Jesús todo lo hacía con amor: ¡hablaba de amor, manifestaba amor y vivía el amor! Finalmente entregó Su vida por amor, para que nosotros conociéramos el amor y el perdón de Dios. Jesús fue distinto de todos los grandes maestros religiosos que le precedieron o sucedieron. Aunque todos ellos hablaron del amor y de Dios, Jesús era el amor personificado, el mismísimo Hijo de Dios, ¡así que sabía muy bien de qué hablaba! Sin embargo, su mensaje no fue del agrado de todos. Es más, ¡algunos de los jerarcas ricos y poderosos de aquel tiempo se enfurecieron con Él, porque mediante Sus enseñanzas liberaba a la gente de las tradiciones y del dominio que ellos ejercían! Le tomaron mucho miedo porque se hizo muy popular entre las personas sencillas. Por último, ¡aquellos malvados enemigos del amor presionaron a las autoridades romanas para que detuvieran a Jesús y lo mataran! Así fue que lo clavaron a una cruz, hecho que pareció poner punto final a Su misión de transmitir el amor de Dios. No obstante, a los tres días de haber sido enterrado, sucedió algo que dejó atónitos a Sus enemigos y demostró que era indudablemente el Hijo de Dios: ¡resucitó! Antes de reunirse con Su Padre en el Cielo, Jesús prometió que enviaría Su Espíritu al corazón de todos los que lo amaran y creyeran en Él. De modo que sigue muy vivo, no sólo en el Cielo, sino también en el corazón y en la vida de millones de hijos de Dios en todas partes del mundo. Así como ha llamado y abierto Sus brazos a los niños de este dibujo, también te llama a ti, diciendo: «¡Ven a Mí!» (S. Mateo 11:28.) A todo el que acepte Su amor, Él no sólo le promete una vida terrenal maravillosa, llena de felicidad, ¡sino además un mundo futuro mucho mejor, un hermosísimo paraíso donde habrá paz total y abundancia para todos! Dice la Biblia que muy pronto Jesús regresará «sobre las nubes, con poder y gran majestad», ¡para rescatar a todos los hijos de Dios de las fuerzas del mal que actualmente están apoderándose del mundo! (S. Mateo 24:29-31.) Entonces, ¡a todos los que lo amen se les dará un flamante y poderoso supercuerpo, igual al que tenía Él después de resucitar! Después de dar a todos la oportunidad de creer en Él y recibir Su amor, Dios volverá a crear el planeta. ¡Hará una Tierra nueva y preciosa, como era el paraíso del Edén en el principio! No habrá animales ni plantas dañinos o venenosos. La Tierra entera gozará de un clima perfecto, cálido y agradable. El paisaje será frondoso y ondulado, con lagos, arroyos, flores, árboles y hierba por todas partes. Habrán desaparecido las horribles y sucias ciudades de los hombres, como también sus fábricas, su armamento y su contaminación. La Biblia explica que todas las fieras salvajes y peligrosas, los leones, tigres, osos y lobos, se volverán mansos. ¡Serán amigos del hombre, jugarán con los niños! ¡Los animales hablarán incluso con las personas y entre sí, como en el principio, cuando Dios creó el mundo! Entonces, ¡la grandiosa Ciudad dorada de Dios descenderá del espacio y se posará en la Tierra, y todos los hijos del Señor que lo aman y adoran vivirán con Él en ese espléndido lugar! Su cuerpo nuevo y sobrenatural les permitirá volar con más libertad que los pájaros. Jamás volverán a padecer enfermedades o sentir cansancio, hambre o dolor. ¡Gozarán para siempre de una felicidad celestial y de exquisitos placeres, y vivirán incontables aventuras con el Señor y los demás! (Apocalipsis 21 y 22.) ¿Eres tú uno de esos hijos de Dios que morarán con Él en Su Ciudad celestial? ¿Te has acercado a Jesús? De ser así, Él vendrá a ti, entrará en tu corazón, te perdonará todas las cosas malas que hayas hecho y te dará Su regalo, la Vida Eterna, para que vivas por siempre con Él en Su gran Ciudad de oro. Necesitamos acudir a Jesús porque todos hemos obrado mal en más de un ocasión. Hemos desobedecido y nos merecemos un castigo. Eso entristece mucho a Dios, nuestro Padre celestial. Pero Su Hijo Jesús, nuestro hermano mayor, nos ama tanto y ama tanto al Padre que sabía que esa paliza nos iba a doler tanto a Él como a nosotros. Por eso se ofreció a recibirla en nuestro lugar. Dios se lo permitió, y prometió además perdonarnos con tal que amáramos a Jesús y le agradeciéramos Su amoroso acto de dar la vida por nosotros. Puedes recibir ahora mismo el amor y perdón de Jesús. Haz esta sencilla oración: «Jesús, perdóname por haberme portado mal. Sé que merezco un gran castigo. Te agradezco mucho que lo recibieras Tú en mi lugar y que murieras por mis pecados. Te pido que entres a mi corazón y me des el regalo de vivir eternamente en el Cielo. Ayúdame a amarte, a leer Tus Palabras y procurar ayudar a los demás a conocerte. Amén.» Una vez que le pidas a Jesús que entre en tu corazón, ¡Él se convertirá en tu mejor y más íntimo amigo, en tu inseparable compañero! ¡Nunca te abandonará! Si lo recibes en tu corazón, nunca estarás solo. Él siempre escuchará tus oraciones y cuidará de ti. ¡Jamás lo perderás ni te faltará Su amor! ¡Que Dios te bendiga! ¡Te queremos mucho, y encantados te mandaremos otros hermosos afiches en color! Escríbenos hoy mismo a esta dirección:
|