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1. ¿Sabemos si Jesús fue una persona
que realmente existió?
¡Sí! Para cualquier historiador
imparcial, los datos acerca de Jesús son tan claros
y evidentes como los relativos a Julio César. En el
Nuevo Testamento existen documentos que lo describen
con precisión, pero también hay decenas de manuscritos
antiguos que, sin pertenecer a la Biblia, confirman
que Jesús fue una auténtica figura histórica que habitó
en Palestina a principios del primer siglo de nuestra
era.
En cuanto al testimonio ofrecido
por múltiples recuentos antiguos acerca de Jesús,
la Enciclopedia Británica afirma:
- «Dichos datos, independientes entre sí, demuestran
que en tiempos antiguos ni siquiera los adversarios
del cristianismo pusieron alguna vez en duda la
existencia histórica de Jesús. Esta recién fue puesta
en entredicho, y en un marco inadecuado, por diversos
autores del siglo XIX y principios del XX.»
2. ¿Qué diferencia hay entre Jesús
y los demás grandes maestros, profetas o filósofos
religiosos?
Si quisiéramos calificar
a Jesús de alguna manera, habría que decir que es
"único": Su mensaje fue único;
lo que Él afirmó de Sí mismo no tiene igual;
sin par fueron los milagros que realizó; y
la influencia que impuso en el mundo no hay
sido igualada por ninguna otra.
Uno de los aspectos más llamativos
e innegablemente específicos de la vida de Jesús es
que muchos profetas y videntes hicieron centenares
de predicciones y profecías detalladas
sobre Él siglos antes de que naciera. ¡Hay detalles
concretos acerca de Su nacimiento, vida y muerte que
ningún mortal podría haber cumplido!
En los primeros libros de
la Biblia, que es un conjunto conocido como "Antiguo
Testamento", podemos encontrar más de 300
predicciones acerca del "Mesías" o "Salvador".
El hallazgo de cientos de manuscritos del Antiguo
Testamento, llevado a cabo por arqueólogos durante
el presente siglo, ha dejado demostrado, sin sombra
de duda, que dichas profecías fueron escritas siglos
antes de que naciera aquel hombre llamado Jesús.
Por ejemplo, una de esas
predicciones específicas y sorprendentes a que nos
referimos fue hecha por el profeta Isaías en el año
750 a. de J.C.:
"El Señor mismo les dará señal: He aquí que
la virgen concebirá, y dará a luz un hijo,
y llamará Su nombre Emanuel" (Isaías
7:14).
Siete siglos y medio después,
en Israel, una joven virgen llamada María fue visitada
por el Arcángel Gabriel, el cual le anunció que alumbraría
un hijo, que llevaría por nombre Emanuel, es decir,
"Dios con nosotros". Los libros de la Biblia
que fueron escritos con posterioridad a la venida
de Jesús al mundo, el "Nuevo Testamento",
nos dicen que "María le preguntó al ángel: ¿Cómo
puede ser posible, si nunca he estado con hombre
alguno? Y el ángel le respondió: ¡El Espíritu de Dios
vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te
cubrirá con su sombra! ¡Por lo cual el Santo Ser que
habrá de nacer será llamado Hijo de Dios!"
(Lucas
1:26-35)
Vemos, pues, que el principio
mismo de Su existencia en la tierra, Su concepción
y nacimiento, fueron no solamente únicos, sino también
milagrosos, ¡a partir del hecho de que la sencilla
y humilde jovencita que fue Su madre nunca había tenido
relaciones con un hombre! ¡Es más, la Biblia dice
que la noticia de su embarazo fue tan escandalizadora
para José, el joven con el que estaba comprometida
en matrimonio, que al recibirla decidió cancelar el
compromiso y anular la boda! Hasta que el ángel del
Señor se le apareció también a José y le dio instrucciones
de permanecer junto a ella y criar y proteger a aquel
niño tan especial que ella llevaba en su vientre.
Nada menos que 800
años antes del nacimiento de Jesús, el profeta Miqueas
predijo el lugar exacto en que el Mesías habría de
venir al mundo:
"Tú, Belén, pequeña para estar
entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que
será Señor en Israel, y Sus salidas son desde el principio,
desde los días de la eternidad" (Miqueas
5:2).
Si bien Sus padres terrenales
vivían en el pueblo de Nazaret, a 150 km al norte
de Belén, un decreto emanado de Roma exigió que todas
las familias retornaran a sus lugares de origen para
cumplir con un censo que se llevaba a cabo en todo
el imperio. Aquel decreto se dio a conocer poco antes
de que a María se le cumpliera el plazo del embarazo.
De este modo, Dios se valió de un emperador romano,
César Augusto, para contribuir al cumplimiento de
la profecía de Miqueas. José y María marcharon a Belén,
y apenas llegar, María empezó a tener dolores de parto.
Así pues, la Biblia indica que "Jesús nació en
Belén de Judea" (Mateo
2:1), en estricto cumplimiento de la predicción del
profeta Miqueas.
En su profecía, Miqueas decía
también que el Mesías "era desde el principio,
desde los días de la eternidad". El propio
Jesús dijo: "Antes que Abraham fuese aprox.
2.000 a.C. YO SOY" (Juan
8:58). Abraham fue el antepasado común de judíos y
árabes, y vivió unos dos mil años antes de
que Jesús naciera de María. Por lo tanto, en ese caso
Jesús se refería a Su preexistencia con Dios antes
de venir a la tierra en la forma de un hombre.
Aunque nació en Belén, Jesús
se crió en Nazaret. En Su primera disertación pública
de que se tenga registro, declaró abiertamente que
Él era el cumplimiento de las profecías del
Antiguo Testamento referentes al Mesías. Estando en
uno de los lugares de culto, se puso en pie delante
de los asistentes y leyó una profecía perteneciente
al profeta Isaías. En dicho pasaje, el profeta afirmaba
que el Mesías sería ungido con el Espíritu de Dios
para "predicar las Buenas Nuevas a los pobres,
sanar a los quebrantados de corazón, poner en libertad
a los cautivos, devolver la vista a los ciegos y declarar
la libertad de los que vivían oprimidos, para proclamar
el año de la buena voluntad del Señor" (Isaías
61:1,2). Está escrito en el Nuevo Testamento que después
de leer esa profecía en alta voz, delante de la congregación,
Jesús agregó: "Hoy se ha cumplido
esta Escritura delante de ustedes" (Lucas
4:18-21).
David, rey de Israel, hizo
otra importante profecía sobre el Mesías cerca del
año 1.000 a. de J.C., es decir, diez siglos
antes de que naciera Jesús. En ella, David ofreció
detalles de una muerte cruel y dolorosa que él mismo
nunca padeció:
"He sido derramado como
aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron. Mi corazón
fue como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas...
Como perros me han rodeado, me ha cercado cuadrilla
de malignos. Horadaron mis manos y mis pies. Repartieron
entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes."
(Salmo
22:14-18.)
El rey David murió de forma
apacible y natural, por lo que sabemos que en ese
pasaje de las Escrituras no hablaba de sí mismo. Sucedió
que, debido a que era profeta, predijo con absoluta
precisión las circunstancias que rodearon la cruel
muerte en la cruz sufrida por el Mesías, el Cristo
que habría de venir. Examinemos algunos de los detalles
que aparecen en la profecía anterior:
"He sido derramado como
agua... mi corazón derritiéndose dentro de mí..."
Jesús no derramó Su vida por nosotros de una forma
exclusivamente espiritual, ya que el Nuevo Testamento
dice que poco después de morir, estando todavía en
la cruz, "uno de los soldados le abrió el costado
con una lanza, y al instante salió sangre y agua"
(Juan
19:34). Especialistas médicos de la actualidad han
afirmado que en casos de ruptura del corazón, cuando
el corazón humano literalmente se desgarra debido
a tensión y trauma excesivos, la sangre se acumula
en el pericardio, un saco membranoso que envuelve
el corazón y el nacimiento de los principales vasos
sanguíneos. Esa sangre se separa formando una especie
de coágulo y de suero acuoso. Por lo tanto, cuando
el soldado le atravesó el costado con la lanza, Su
vida, prácticamente, "se derramó como el agua".
Aquel soldado, inadvertidamente, cumplió otra de las
profecías: "Mirarán a mí, a quien traspasaron",
hecha por el profeta Zacarías alrededor del año 500
a. de J.C. (Zacarías
12:10)
"Todos mis huesos se
descoyuntaron." Esta era una de las consecuencias
más horribles de la muerte por crucifixión. El peso
de la víctima hacía que sus brazos se desencajaran.
"Como perros... me ha
cercado cuadrilla de malignos." Dice en el Nuevo
Testamento que los pérfidos y rencorosos enemigos
religiosos de Jesús, los escribas y los fariseos,
se juntaron alrededor de Él, cuando estaba en la cruz,
para insultarlo y burlarse (Mateo
27:39-44).
"Horadaron mis manos
y mis pies." Es probable que esta sea la predicción
más impresionante dentro de la presente profecía.
En los tiempos de David los judíos no imponían la
pena de la crucifixión. Sus leyes religiosas determinaban
que los malhechores fuesen ejecutados por apedreamiento.
¡Sin embargo, Dios dejó ver a David, Su profeta, la
muerte que habría de tener el Mesías 10 siglos
después, ejecutado por mano de Roma, un imperio
que ni siquiera existía en los días de David, y cuyo
forma más común de ajusticiar criminales era la crucifixión!
"Repartieron entre sí
mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes."
En los Evangelios encontramos un cumplimiento casi
increíble de esta profecía: "Cuando los soldados
hubieron crucificado a Jesús, tomaron Sus vestidos,
e hicieron cuatro partes, una para cada soldado.
Tomaron también Su túnica, la cual era sin costura,
de un solo tejido de arriba abajo. Entonces dijeron
entre sí: No la partamos, sino echemos suertes
sobre ella, para ver de quién será" (Juan
19:23,24)
En el año 487 a. de J.C.
el profeta Zacarías predijo: "Y les dije, si
les parece bien, denme mi salario, y si no,
déjenlo. Y pesaron por mi salario 30 piezas de
plata" (Zacarías
11: 12).
Según afirma el Nuevo Testamento,
la noche que Jesús fue arrestado por Sus enemigos,
"uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote,
fue a los principales sacerdotes y les dijo: ¿Qué
me quieren dar, y yo se lo entregaré? Y ellos le asignaron
30 monedas de plata" (Mateo
26:14,15).
¡Sorprendente! ¡Más de quinientos
años antes de que se produjera ese acontecimiento,
Zacarías, el profeta de Dios, había predicho "el
precio exacto" que los enemigos de Jesús
pagarían a su discípulo traidor, Judas! El versículo
siguiente de la profecía de Zacarías, entra en detalles
todavía más impresionantes:
"Y me dijo el Señor:
Échalo al tesoro; ¡hermoso precio con que me
han apreciado! Y tomaron las treinta piezas de plata,
y las dieron para el campo del alfarero"
(Zacarías
11:13).
Dice el Nuevo Testamento
que cuando Judas vio que Jesús "era condenado,
devolvió arrepentido las treinta piezas
de plata a los principales sacerdotes de los judíos,
y las arrojó en el templo. Entonces los principales
sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron:
No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas,
porque es precio de sangre. Así que decidieron comprar
con ellas el campo del alfarero, para sepultura
de los extranjeros (Mateo
27:3-6). Las 30 piezas de plata fueron explícitamente
"dadas para el campo del alfarero",
¡tal como lo había predicho Zacarías 500 años antes!
En el año 712 a. de J.C.
el profeta Isaías predijo acerca del Hijo de Dios
que "con los impíos se dispondría Su sepultura,
pero con los ricos sería en Su muerte"
(Isaías
53:9).
Los encarnizados enemigos
religiosos de Jesús lo condenaron como a un criminal,
como a un impío, de tal forma que cuando murió, según
relata la Biblia, "crucificaron con Él a dos
ladrones" (Mateo
27:38). Luego de que Su cuerpo fuera bajado de la
cruz, "un hombre rico de Arimatea, llamado
José, fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Y tomando
José el cuerpo, lo puso en su sepulcro nuevo
(Mateo
27:57-60). "¡Su sepultura con los ricos!"
Mil años antes de
que naciera Jesús, el Espíritu de Dios profetizó por
medio del rey David que el Salvador habría de resucitar:
"Dios no dejará Su alma en el sepulcro, ni permitirá
que Su Santo sufra corrupción o descomposición"
(Salmo
16:10).
El rey David murió y fue
puesto en un sepulcro, donde su carne vio corrupción
y descomposición. ¡Pero Jesús se levantó de
la tumba tres días después de Su muerte! Así lo indicó
el ángel a quienes habían acudido a velar la tumba
de Jesús: "No está aquí, sino que ha resucitado.
¿Por qué buscan al vivo entre los muertos?" (Lucas
24:5,6.)
¿Qué ser humano corriente
podría escoger su lugar de nacimiento? Y ¿qué mortal
podría, o sería capaz, de hacer que las autoridades
de un país extranjero decretaran su muerte mediante
una ejecución terriblemente dolorosa? ¿Cómo podría
alguien manipular a sus acérrimos enemigos al punto
de lograr que lo injuriaran y se burlaran de él durante
su agonía, y mucho menos, hacer que un grupo de soldados
se jugaran su ropa y atravesaran su costado después
de muerto? Pues Jesús de Nazaret cumplió esas profecías,
y no sólo esas, ¡sino más de 300 predicciones
específicas relacionadas con Su nacimiento, vida,
obra, muerte y resurrección! ¡Sin duda Él era, y es,
"único" en todo el sentido de la
palabra!
Ninguno de los grandes líderes
religiosos reconocidos, ni Moisés, ni Buda, ni Confucio,
ni Mahoma, jamás afirmó ser Dios. Es verdad que algunos
fueron endiosados por sus seguidores después de haber
muerto, pero ninguno afirmó personalmente que fuese
la Deidad. Salvo Jesucristo. En realidad, no sólo
se proclamó Hijo de Dios, la personificación
divina en forma humana; también logró convencer
a gran parte de la humanidad de ser, en efecto, el
Hijo de Dios.
Tal vez esa sea la
mayor diferencia entre Jesús y todos los demás grandes
filósofos, maestros, profetas y gurus que ha habido
a través de los tiempos. Si bien muchos de ellos hablaron
y enseñaron acerca del amor y acerca
de Dios, Jesús afirmó que Él era el amor, que
era el amor de Dios al mundo. ¡Así pues, tenía
plena certeza de lo que decía! O estaba en lo cierto,
o estaba en un terrible error. ¡O era bueno,
y anunciaba la verdad, o era un hombre malo, un ser
fraudulento y mentiroso!
C.S. Lewis, el famoso intelectual
y en su momento catedrático en la Universidad de Cambridge,
lo expresó del siguiente modo:
"Hay una gran insensatez que la gente suele
decir acerca de Jesús: 'No tengo inconveniente en
considerarlo un gran maestro de moral, pero no acepto
su afirmación de que fuese Dios'. Jamás deberíamos
hablar de esa manera. Un hombre que no fuese más
que un simple mortal y sostuviese el tipo de cosas
que dijo Jesús no sería 'un gran maestro
de moral'. ¡Sería un chiflado, del mismo nivel que
alguien que afirmara ser un huevo cocido, o sería
el Diablo en persona! Hay que llegar a alguna conclusión.
O aquel hombre era, y es, el Hijo de Dios, o era
un demente, e incluso algo peor.
"¡Uno puede hacerle
callar como a un necio; puede escupirle y matarlo
como a un demonio, o echarse a Sus pies y llamarle
Dios y Señor! ¡Pero nadie puede ponerse a pontificar
estúpidamente que se trataba de 'un gran maestro
humano'! Él no nos dejó esa alternativa, ni tuvo
intención de hacerlo."
Otra persona, de dudosa
autoridad en estos temas, el emperador y conquistador
de naciones enteras, Napoleón Bonaparte, reconoció
con justicia la absoluta singularidad de Jesús, y
lo hizo en estos términos:
"Sé de la naturaleza
de los hombres, y puedo atestiguar que Jesucristo
no es un simple mortal. No cabe comparación posible
entre Él y las gentes del mundo. Alejandro, César,
Carlomagno y yo fundamos imperios. Pero ¿sobre qué
reposaba la obra de nuestro ingenio? Sobre la fuerza.
Jesucristo edificó Su imperio sobre el amor,
y aun en este momento millones de hombres darían
la vida por Él."
3. Sin embargo, ¿qué razón pudo
haber tenido Dios para enviar a Su Hijo al mundo?
Dios nos ama y quería
hacernos conocer Su amor. Pero sabe que Él, el gran
Creador del universo, es sencillamente un concepto
demasiado amplio como para que nosotros pudiésemos
abarcarlo o incluso imaginarlo. En Isaías
55:9 dejó dicho: "Como son más altos los cielos
que la tierra, así son Mis caminos más altos
que vuestros caminos, y Mis pensamientos más
que vuestros pensamientos". También dice que
"los cielos de los cielos no pueden contenerme"
(1Reyes
8:27). ¡Ninguno de nosotros puede en realidad alcanzar
a comprender la grandeza de Dios, ni cuán maravilloso
es Él, tanto que supera con mucho la mente humana
y hasta nuestros más aventurados sueños!
Pero como nos amaba y quería
que conociéramos Su amor y Salvación, envió al mundo
a "Su Hijo unigénito", para dejarnos
ver cómo es Él.
A pesar de ser el Amo y Rey
del universo, no escogió nacer en un elegante palacio,
rodeado de la casta dominante y los poderosos gobernantes.
Por el contrario, nació en las circunstancias más
humildes y modestas, en el suelo sucio de un establo,
rodeado de vacas y asnos, envuelto en harapos y teniendo
como cama el comedero de los animales.
José, Su padre adoptivo en
esta tierra, era un sencillo carpintero con el que
vivió y trabajó, adaptándose a los usos y costumbres,
lenguaje y modos de vida de los seres humanos. De
ese modo, experimentó de manera personal la
vida tal como todos la conocemos y aprendió a comprendernos
y a querernos más, comunicándose con nosotros en el
plano menor del limitado entendimiento humano. Aprendió
a amar a la humanidad. Contempló nuestros sufrimientos
y sintió gran compasión de nosotros, y se vio movido
a sanar nuestros enfermos y quebrantados cuerpos,
¡pero también, y más importante, a salvar nuestras
almas y nuestros corazones heridos!
Cuando Jesús dio comienzo
a la obra de Su vida, empezó a recorrer la tierra
haciendo el bien en todo lugar. Ayudando a la gente,
dando afecto a los niños, aliviando pesares, fortaleciendo
los cuerpos cansados y brindando el amor de Dios a
tantos como podía. No se limitó a predicar su mensaje;
dio ejemplo con su vida en medio de nosotros.
Y no sólo atendía las necesidades espirituales de
la gente. Pasaba gran parte de Su tiempo resolviendo
sus necesidades físicas y materiales, sanando milagrosamente
a los que estaban enfermos, dando vista a los ciegos
y oído a los sordos, limpiando a los leprosos y resucitando
a los muertos. ¡Dio de comer a la multitud cuando
tenía hambre, e hizo cuanto pudo por compartir con
los demás Su vida y Su amor!
4. ¿Cómo es posible que Jesús sea Dios, si
vivió y anduvo en la tierra como un hombre más?
Jesús dijo: "Yo y el
Padre uno somos" (Juan
10:30). Antes de nacer del vientre de María y habitar
en un cuerpo humano, Él y Su Padre celestial existían
en una relación de unidad muy estrecha, lo cual tuvo
que abandonar mientras estuvo en la tierra.
La Biblia afirma que "En
el principio era el Verbo (Jesús), y
el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.
Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada
de lo que ha sido hecho, fue hecho... Y aquel Verbo
(Jesús) fue hecho carne, y habitó entre
nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del Unigénito
del Padre" (Juan
1:1,2,14).
Poco antes de ser arrestado
y crucificado, consciente de que no pasaría mucho
tiempo hasta reunirse de nuevo con Su Padre Celestial,
Jesús oró: "Ahora, pues, Padre, glorifícame al
lado Tuyo, con el poder y la honra que tuve en Tu
presencia antes que el mundo fuese hecho...
porque me has amado desde antes de la fundación
del mundo" (Juan
17:5,24).
5. ¿Por qué Jesús se refiere frecuentemente
a Sí mismo, en los Evangelios, como el Hijo del Hombre?
Se llamaba a Sí mismo Hijo
del Hombre porque era humano. Había nacido
de una mujer, igual que el resto de nosotros. Tenía
la misma clase de cuerpo que nosotros y experimentaba
las mismas sensaciones, las mismas limitaciones humanas.
Sentía, como nosotros, el agotamiento y el dolor.
El Creador de todas las cosas
se despojó voluntariamente de Su ilimitado poder y
se convirtió en un pequeño e indefenso recién nacido.
El Origen de todo conocimiento y sabiduría tuvo que
estudiar y aprender a leer y escribir. Dejó Su trono
en los cielos, donde incontables ángeles lo adoraban,
donde todas las fuerzas del universo se sometían a
Su poder, y asumió el aspecto de un siervo, que sufrió
el ultraje, la burla y la persecución, y terminó perdiendo
la vida a manos de aquellos mismos que había venido
a salvar.
Dice la Biblia que Jesús
es un "Sumo sacerdote que se compadece de nuestras
debilidades, porque fue tentado en todo tal como nosotros,
pero sin pecado" (Hebreos
4:15). ¡Es algo digno de reflexión! El Hijo de Dios
se convirtió ni más ni menos que en un habitante de
este mundo, un miembro de la humanidad, un hombre
de carne y hueso, para poder hacernos llegar Su amor,
para que pudiéramos comprobar Su compasión e interés
por nosotros y para ayudarnos a comprender Su Verdad
en términos sencillos e infantiles, accesibles a nuestro
entendimiento.
6. ¿A qué se refiere la Biblia
cuando denomina a Jesús "la Palabra"?
Dios siempre le ha hablado
al mundo de diversas maneras: a través de la belleza
y las maravillas de la Creación, mediante Sus profetas
y enviados y por intermedio de Su Palabra escrita.
Pero la revelación más clara de Sí mismo, de
Su carácter y de Su amor, la hizo a través de Jesús,
Su Hijo, al que llama "la Palabra".
Las palabras son vehículo
para expresarnos, para dar a conocer nuestros
pensamientos, sentimientos y naturaleza. Así pues,
Jesús es el medio a través del cual Dios
se expresó a nosotros. Dios hizo de Su propio Hijo,
Jesús, la forma más elevada de comunicación con nosotros,
la vía que escogió para hacer llegar Su amor al mundo.
7. ¿De modo que Jesús vino para
darnos el mensaje de Dios, para hablarnos del amor
de Dios?
Así es. Pero no fue que
sólo nos diera el mensaje y las enseñanzas de Dios,
el amor de Dios. Él es el mensaje de Dios;
Él es el amor con que Dios nos ama.
Jesús, la palabra viviente,
nos reveló los sentimientos de Dios de una forma que
pudiéramos comprender, sintiéndonos identificados.
Por ejemplo, en Isaías
53:3 dice: "Fue un hombre de dolores, experimentado
en quebrantos". Lloró por el dolor de Sus amigos,
por los sufrimientos de la humanidad, e incluso por
Jerusalén, una ciudad que rechazó a su Salvador condenándose
a la destrucción.
Jesús era sumamente misericordioso,
tierno y bondadoso. En ocasiones se sentía fatigado,
agotado, prácticamente exhausto por atender constantemente
a las multitudes que se agolpaban a Su alrededor.
Narra la Biblia que cierta vez intentó alejarse del
tumulto por un poco de tiempo, para reposar, pero
que al ver la multitud que clamaba pidiéndole ayuda,
se compadeció. Sintió tal compasión
de ellos que a pesar de Su cansancio y dolor, volvió
con ellos para sanar a cuantos se le acercaban
y enseñarles las maravillosas Palabras del divino
Reino del amor (Mateo
9:36; Marcos
6:31-34).
No faltó tampoco ocasión
en que la ira de Dios estremeciera a Jesús,
la Palabra Viva, en presencia del fingimiento y la
falsedad. A los hipócritas que encabezaban la jerarquía
religiosa de Sus tiempos, les dijo: "Si no hubiera
venido y les hubiera hablado no serían culpables de
pecado, ¡pero vine y los puse en evidencia,
de modo que ya no pueden encubrir sus pecados!"
(Juan
15:22)
En realidad, fue muy poco
el tiempo que dedicó a tratar con los escribas y fariseos,
que eran guías religiosos arrogantes, expoliadores,
poderosos y opulentos. Sólo lo hacía cuando no cesaban
de importunarlo y levantar cuestionamientos, dudas
y acusaciones entre las personas a las que Jesús enseñaba.
En esos casos no dudó en lanzarles severos reproches,
poniéndolos públicamente en evidencia como "ciegos
que guiaban a otros ciegos" (Mateo
15:14). En determinada ocasión llegó a decirles que
eran como "sepulcros blanqueados, sepulturas,
¡que aunque tenían por fuera un aspecto bello,
limpio y santo, estaban llenos en su interior de podredumbre,
corrupción y hediondos huesos de muertos!" (Mateo
23:27,28) Aquellos dirigentes religiosos se consideraban
la gente más "justa y santa" del lugar,
pero Jesús los denunció como hipócritas, mentirosos,
ladrones y los pobres, lo cual, como es natural, levantó
sus iras.
De todos modos, por lo general
Jesús evitaba a los "beatos" satisfechos
de sí mismos, y pasaba el tiempo ayudando y brindando
su afecto a los pobres, a la gente común; hablando
con ellos, sanándolos, alimentándolos, y por encima
de todo, ofreciéndoles las soluciones espirituales,
el amor, el perdón y la Verdad que anhelaban.
Dice la Biblia que se mezclaba
con los pescadores, los borrachos, las prostitutas,
los recolectores de impuestos y los pecadores, que
les predicaba, y que "el pueblo llano
le oía de buena gana" (Marcos
12:37). ¡Pero cuando asistió al templo para dar Su
mensaje a los dirigentes religiosos, se lanzaron
contra Él, lo arrojaron fuera y terminaron por crucificarlo!
8. ¿Por qué fue rechazado por
los dirigentes religiosos de Su propio pueblo?
Según Jesús, lo que todos
debían hacer era sencillamente "amar a Dios con
todo su corazón y amar al prójimo como a sí mismos"
(Mateo
2:37-39), liberándolos así de la despótica
opresión y el control que los líderes religiosos ejercían
sobre ellos. Sus enseñanzas hicieron que la gente
se evadiera de la dominación de la iglesia formal,
lo cual llenó a los jefes religiosos de temor y envidia.
Pensaron: "¡Si dejamos que siga adelante, toda
la gente creerá en Él y los romanos no tardarán en
despojarnos de nuestro templo y de nuestra influencia!"
Juan
11:47,48.
Aquellos encarnizados enemigos
religiosos finalmente lograron que Jesús fuese arrestado
y juzgado a causa de falsas acusaciones de sedición
y subversión. Aunque el gobernador romano lo encontró
inocente de dichos cargos, fue presionado y convencido
por los influyentes sumos sacerdotes para que lo ejecutara.
Cuando los enemigos de Jesús acudieron a arrestarlo,
Él aseguró a Sus discípulos: "¡Si no tuvieran
permiso de Mi Padre no podrían ni tocarme!
¡Si yo solamente levantara un dedo, Él enviaría decenas
de millares de ángeles en mi auxilio!" (Mateo
26:53.) A pesar de ello, escogió morir. ¡Por cada
uno de nosotros! Nadie le arrebató la vida;
Él la ofrendó, la entregó por propia voluntad (v.
Juan
10:11,17,18).
Pero ni siquiera Su muerte
aplacó a Sus enconados y vengativos enemigos. En previsión
de que los seguidores de Jesús pudiesen intentar robar
Su cuerpo y afirmar que había resucitado tal
como Él había anunciado, aquellos falsos religiosos
hicieron colocar una piedra inmensa en la entrada
de la tumba y apostaron un destacamento de guardias
romanos para que la vigilaran. Pero el ardid no surtió
efecto, y por el contrario, aquellos mismos guardias
fueron testigos oculares del mayor de todos los milagros.
¡Tres días después de que Su cuerpo sin vida fuese
depositado en aquella fría tumba, Jesús se levantó
triunfante de entre los muertos, venciendo a la muerte,
el infierno y el sepulcro!
9. Aun si todo ese impresionante
recuento de lo que Jesús hizo en el pasado es verdad,
¿qué sentido tiene? ¿De qué me sirve a mí en el presente?
Entre las mismas Escrituras
en que aparece la historia de Su vida en la tierra,
pueden hallarse también muchas afirmaciones específicas
y concretas que Jesús hizo de Sí mismo. Afirmaciones
que uno puede tomar literalmente y poner a prueba
en este preciso instante. A continuación algunas de
esas Palabras de Jesús:
"Yo soy la Luz del mundo. El que
me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá
la luz de la vida" (Juan
8:12).
A todos nos ha pasado alguna
vez quedar atrapados en la oscuridad y desear tener
alguna luz que nos permitiera abrirnos paso a salvo
de peligros, caídas, etc. Hablando ahora en términos
espirituales, cuando no conocemos a Dios ni tenemos
relación con Él, nos encontramos espiritualmente
a oscuras.
¿Quisieras eliminar
toda la oscuridad de tu vida? Así como al encender
un interruptor huyen de inmediato las sombras de una
habitación a oscuras, Jesús puede ahuyentar de tu
vida toda oscuridad espiritual, opresión, temor
o maldad, ¡si le pides sencillamente que entre en
tu corazón! ¡Una vez que hayas recibido en tu corazón
a la Luz del mundo, Jesús, ya no podrán apagarla ni
todas las potencias del mal ni las oscuras experiencias
de la vida!
"¡Todo el poder me es dado en el
Cielo y en la tierra!" (Mateo
28:18.)
¡El Diablo y todos sus espíritus
malignos tiemblan ante la sola mención del
nombre de Jesús! No tienes más que pedirle
a Jesús que venga a tu corazón y tendrás en tu interior
la mayor y más potente Fuerza espiritual que
existe. ¡Jesús es tu Amigo, te quiere
y desea ayudarte y llenarte el alma con Su
luz!
"Yo soy la Puerta. El que por Mí
entrare, será salvo" (Juan
10:9).
Él no es una puerta cerrada
ni atrancada que debas forzar, ni una puerta que cueste
trabajo cruzar. ¡Es una puerta abierta! ¡Entra
a través de Él, libre y directamente, al divino Reino
celestial del amor y la luz! Si acudes a Jesús, Él
te dará el regalo de la Vida eterna y tendrás
la seguridad de que perteneces a Él y de que
irás al Cielo. ¡Hay en la actualidad millones
de personas en el mundo que atestiguarían gustosas
que esa afirmación de Jesús es verdadera!
"Yo soy el Pan de Vida; el que a
Mí viene nunca tendrá hambre, y el que cree en Mí
no tendrá sed jamás" (Juan
6:35).
En lo profundo de su ser,
muchos saben que a su vida le falta algo. Es posible
que externamente aparenten tenerlo todo: dinero, posición
social, amigos y demás, todas esas cosas que supuestamente
proporcionan la felicidad. Pero sin embargo sienten
un vacío, un hambre que nada parece saciar.
Jesús dijo que Él era el
Pan de Vida, capaz de apagar "el hambre
y la sed" de nuestro corazón. Puedes comprobar
tal cosa pidiéndole sencillamente que entre en tu
vida. ¡Verás con qué prontitud Su amor habrá de satisfacer
tu hambriento corazón! ¡La sensación de soledad, vacío
e insatisfacción que tal vez experimentabas se verá
reemplazada por una felicidad, una paz y una alegría
duraderas como nunca habías conocido!
"Yo soy el Camino, la Verdad
y la Vida; nadie viene al Padre si no es
por Mí" (Juan
14:6).
La anterior es una aseveración
extraordinaria, y es en realidad la esencia y fundamento
de todo el Nuevo Testamento. Que Jesús es el único
camino a la vida eterna, a la salvación y a la unión
con Dios.
10. Sin embargo, ¿esas creencias
no tienen un carácter dogmático e intolerante?
En absoluto, y por el contrario,
Jesús, Su vida y Sus enseñanzas son totalmente universales,
abier tas a todos los hombres, y no tienen
nada de dogmatismo ni de intolerancia. ¡Es más,
Jesús proclamó: "Cualquiera que crea en
Mí no perecerá jamás", y con eso se ganó la indignación
de los fanáticos y racistas líderes religiosos y rabinos
de Su propia religión judía! Con frecuencia Jesús
daba ayuda a los "paganos" gentiles, mezclándose
con ellos. A pesar de que el pueblo judío, al que
pertenecía, había sido enseñado por sus líderes religiosos
que tal gente sólo merecía el oprobio y el desprecio.
Aquellos dirigentes y maestros
religiosos de la época de Jesús eran intolerantes
a más no poder. Eran rencorosos, recalcitrantes y
legalistas, y se consideraban depositarios de un monopolio
absoluto de Dios y de Su Reino. Fue la afirmación
que Jesús les lanzó a la cara que el Reino de
Dios les sería quitado y abierto a otros,
a las naciones de Oriente y Occidente,
a todas las gentes del mundo lo que los enfureció
tanto que determinaron matarlo (Mateo
8:11,12;
21:42,43).
¡Dios nos envió a Su Hijo
para que Su naturaleza se hiciera evidente ante todas
las gentes, a todas las naciones, a todos
los pueblos, y para que nos entregara gratuitamente
Su gran amor! "Porque de tal manera amó
Dios al mundo (a cada uno de nosotros), que
ha dado a Su Hijo unigénito (Jesús), para que todo
aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida
eterna" (Juan
3:16).
11. ¿No es posible obviar tantas
referencias al nombre de Jesús y hablar simplemente
de "Dios" y del "amor de Dios"?
Si Jesús es el Hijo
de Dios, y si Dios escogió a Jesús para revelarse
ante el mundo, ¡es Dios mismo el inspirador de esa
insistencia! ¡Son condiciones impuestas por Dios,
no por nosotros: "Si me amas, ama a Mi
Hijo"! La Biblia dice: "Todos los
hombres deben honrar al Hijo como honran al Padre.
El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo
envió" (Juan
5:23).
Dios es nuestro gran Padre
celestial, misericordioso y bueno, y tiene un gran
amor por cada uno de nosotros. Quiere que todos
experimentemos y conozcamos el maravilloso amor, la
dicha y la satisfacción que provienen de conocerle
personalmente y de tener una íntima relación de amistad
con Él.
Pero lamentablemente todos,
en uno u otro momento, hemos actuado mal, hemos sido
egoístas, desconsiderados o duros con los demás. ¡O
incluso con el mismo Dios, nuestro Padre celestial!
Dice en Su Palabra: "Todos se han descarriado
y no han merecido la perfección de Dios" (Romanos
3:23).
Dios sabe que por más
que nos esforcemos, jamás podremos alcanzar una bondad
tal que nos permita entrar en Su perfecta presencia
debido a nuestras buenas acciones. Pero Jesús
sí es perfecto. Y debido a que Él estuvo dispuesto
a venir a la tierra, a sufrir y a morir en la cruz
por causa nuestra, tomando sobre sí el castigo
que nosotros merecíamos por nuestras malas obras,
podemos ahora recibir el perdón de todos nuestros
errores y reunirnos con nuestro grandioso y amoroso
Padre celestial. ¡Si es que sencillamente aceptamos
el perdón y el don de la Vida Eterna que Jesús nos
ofrece!
Por muy malos que
seamos y cualquiera sea la naturaleza de lo que
hayamos hecho, si le pedimos a Jesús, simplemente,
que nos perdone, y lo recibimos en nuestro corazón,
seremos perdonados y salvados. ¡Es decir,
que desde ya conoceremos el maravilloso amor
y la paz de Dios y, además, al morir heredaremos
una vida interminable de amor y felicidad en el Cielo!
¡Ningún mortal, bien
fuese profeta, maestro, vidente o gurú, podría haber
hecho lo que hizo Jesús! Sólo Dios mismo, en
la persona de Su Hijo Jesús, pudo pagar el precio
de nuestros errores y cargas con el castigo que merecíamos.
Sólo Dios pudo hacer tal cosa en la persona
de Su Hijo Jesús. Por esto sólo Jesús podía proclamar
con toda justicia: "Yo soy el Camino, y la Verdad,
y la Vida".
Sencillamente no existe otra
manera de hacer las paces con Dios. Él no acepta ninguna
otra condición, ningún arreglo diferente. ¡Con Jesús,
aquello que la humanidad necesitaba que sucediese,
aconteció de tal modo que no es necesario que
vuelva a repetirse! Por tal razón nos permitimos afirmar
sin la menor vacilación que para el mayor de los males
de la humanidad sólo existe un remedio: ¡Jesús!
Si distintos equipos de patólogos
se hallasen empeñados en el descubrimiento de la causa
y la cura del cáncer, y uno de ellos, no por ser más
brillante, ni mucho menos, diera con el secreto, ¿se
juzgaría como un acto de "intolerancia"
y "dogmatismo" que compartiera su hallazgo
con sus colegas y, de hecho, con el mundo entero?
¡Claro que no! Es más, ¡no hacerlo sería síntoma de
la mayor expresión de estupidez, egoísmo, desconsideración
y deshonestidad que quepa imaginarse! Por eso, quienes
hemos descubierto personalmente a Jesús hacemos todo
lo posible por compartirlo con las demás personas.
12. ¿Cómo podría una persona consecuente
abrazar la fe cristiana, teniendo en cuenta que la
historia del cristianismo es una sombría sucesión
de pecados, intolerancia, guerras, excesos y divisiones
llevados a cabo por generaciones de sus adherentes?
Son millones los individuos
que a lo largo de los tiempos han llegado a conocer
y amar personalmente a Jesús y que han recibido de
Él la capacidad de llevar vidas admirables de amor
y servicio a sus semejantes. Aunque es de lamentar
que, en términos generales, el cristianismo sea una
institución que ha incumplido rotundamente
la misión que Jesús encargó a Sus primeros apóstoles
y seguidores: ¡compartir el amor de Dios con
un mundo necesitado de él!
La mayor parte de las organizaciones
y congregaciones que se dicen cristianas se han ocupado
tanto de sus disputas internas, su acumulación egoísta
de riquezas, la construcción de elegantes y costosos
edificios, que han olvidado y perdido de vista el
mandamiento original de Jesús : "¡amar
al prójimo como a uno mismo!"
Nuestro objetivo no es convencerte
de que te integres a una organización religiosa. ¡Jesús
no es ninguna religión! ¡Es más, Él mismo Jesús jamás
se entregó a la creación de ninguna congregación ni
organización jerárquica! Él se dedicó sencillamente
a hacer el bien, a ayudar a la gente y a compartir
el amor de Dios con cuantos podía. No tuvo sinagoga,
mezquita, iglesia ni templo de ninguna clase, ni tampoco
una congregación de fieles para celebrar reuniones
en algún "día santo" de la semana.
Nunca colocó un letrero que
dijera: "Asista a nuestra iglesia el día del
Señor". Simplemente dijo: "¡Vengan a Mí!"
(Mateo
11:28.) Se negó de plano a llegar a un arreglo con
el poderoso y corrupto sistema religioso de Su tiempo
y prefirió actuar completamente al margen de él, esforzándose
por compartir Su amor con la gente común que estaba
desde hacía mucho tiempo olvidada por la religión
organizada.
Cierta vez, hablando con
una mujer que le discutía si la adoración a Dios debía
llevarse a cabo en determinado monte "santo"
de Samaria, o en el templo judío de Jerusalén, Jesús
le dijo: "El día viene, ahora es, cuando
no adorarán a Dios ni en este monte ni en Jerusalén.
Porque los que adoran a Dios, en espíritu y
en verdad es necesario que le adoren. ¡Porque
a tales adoradores busca el Padre!" (Juan
4:21-23) Jesús dejó claramente explicado que los formalismos,
las ceremonias, los rituales y los edificios religiosos
no hacían ninguna falta para adorar a Dios, y que
debíamos sencillamente amar y adorar al Señor en espíritu,
en nuestros corazones y en verdad, por
medio del acatamiento a la luz de Su Palabra.
13. ¿Cómo puedo saber sin
sombra de duda que Jesucristo es en verdad el Hijo
de Dios, el camino de la salvación?
Hemos tocado diversos aspectos
de la vida de Jesús que tal vez puedan apoyar o inspirar
tu fe. Como ya se mencionó antes, los datos históricos
de la existencia de Jesús de Nazaret son innegables
para cualquiera que los examine con seriedad e imparcialidad.
El cumplimiento de más de
300 profecías del Antiguo Testamento, existentes desde
muchos siglos antes de Su nacimiento, describen en
detalle Su venida al mundo, Su vida, Su obra, Su muerte
y Su resurrección, todo lo cual tampoco puede ser
negado por quien busque sinceramente conocer la verdad.
Tampoco existe razón alguna
para poner en duda que luego de Su muerte sucedió
algo extraordinario que hizo de Su grupillo de despreciados
seguidores un frente de testigos que ni todas las
persecuciones del Imperio Romano fueron capaces de
detener. Cuando estaban desanimados y decepcionados,
luego de que su Señor hubiese sido cruelmente crucificado
por Sus enemigos, daba la impresión de que las esperanzas
de aquellos hombres habían perecido y todos sus sueños
habían sido destrozados.
¡Pero a los tres días de
Su muerte, se reavivó su fe de modo tal que no hubo
fuerza terrenal capaz de sofocarla! ¡Y aquel humilde
puñado de hombres que había seguido a Jesús desde
el principio marchó a proclamar las Buenas Nuevas
ante el mundo entero! ¡A anunciarle que Dios
había enviado a Su Hijo al mundo para enseñarnos Su
Verdad y Su amor, y que, por encima de todo, Jesús
había sufrido la muerte por nosotros y luego
se había levantado de la tumba! ¡Para
que aquellos que lo conociéramos y creyésemos en Él
estuviésemos para siempre libres del temor a la muerte,
sabiendo que hemos sido salvados y que nos aguarda
el Cielo, gracias a Jesús!
¡Dice el Nuevo Testamento
que Jesús se apareció en persona ante más de 500
testigos visuales luego de Su resurrección! (1Corintios
15:6) Ése fue el atronador mensaje que Sus primeros
discípulos proclamaron abiertamente en el mundo entero:
"¡Dios lo levantó de los muertos!" (Hechos
13:30)
La simple aceptación mental, intelectual, de
estos hechos no es suficiente. ¡Para estar absolutamente
seguro de que Jesús es quien afirmaba ser,
el Hijo de Dios, debes experimentarlo de forma
personal! Pídele que entre en tu corazón, que te perdone
todos los errores cometidos y llene tu vida de Su
amor, paz y alegría. ¡Ya verás que lo hará!
Él dice en Su Palabra: "He aquí, Yo estoy a la
puerta (de tu corazón) y llamo. Si oyes Mi voz y me
abres la puerta, entraré en ti" (Apocalipsis
3:20) ¡No hace falta que te esfuerces por entenderle,
simplemente déjale entrar!
Si anhelas Su amor, luz,
vida y alegría; su felicidad y salvación eternas,
no tienes más que recibirlo personalmente, en tu corazón.
¡Puedes hacerlo en este preciso instante! Él ha hecho
que la Salvación sea lo más sencillo de este
mundo, algo que no requiere el menor esfuerzo de tu
parte, ninguna acción, nada, simplemente tu aceptación.
Y si no lo comprendes totalmente, recuerda que la
Biblia dice que "el amor de Dios sobrepasa
tu entendimiento" (Efesios
3:19). ¡Para poder recibir el amor de Dios no hace
falta que lo entiendas!
¿Deseas recibirlo?
Si lo haces, no habrá nada mejor en tu vida. ¡Él será
tu mejor amigo y compañero y estará a tu lado para
siempre! Acéptalo ahora mismo por medio de
esta sencilla oración:
"Querido Jesús, sé que necesito ayuda y que
no puedo salvarme a mí mismo. Se me ha dicho que Tú
eres el Hijo de Dios, y que por tu intermedio puedo
alcanzar y conocer personalmente el amor de Dios.
Jesús, necesito que Tu amor me limpie de todo temor
y rencor. Necesito Tu luz para que ahuyente toda oscuridad.
Y necesito Tu paz para llenar y satisfacer mi corazón.
¡Por eso, te abro la puerta de mi corazón y te ruego,
Jesús, que entres y me des Tu regalo de la vida eterna!
¡Gracias, Jesús, por haber sufrido por todos mis errores,
por haberme perdonado y por haber escuchado mi oración!
En el nombre de Jesús, amén."
14. ¡LA SEGUNDA VENIDA DE
JESÚS!
La Biblia contiene centenares
de profecías acerca de la primera venida de
Jesús, pero todavía más que hablan de Su Segunda
Venida, cuando habrá de volver a la tierra ya
no en la forma de un manso y humilde bebé en un pesebre,
¡sino como poderoso Rey de reyes y Señor
de señores! ¡Entonces habrá de apoderarse de este
mundo por la fuerza y pondrá freno al cruel
y caótico reinado del hombre! Él prometió: "¡Vendré
otra vez! ¡En las nubes del cielo, con poder
y gran gloria!" (Juan
14:3;
Lucas 21:27.)
Jesús nos describió numerosas
"señales de los tiempos", síntomas
que deberíamos tener en cuenta para percatarnos de
la proximidad de Su regreso. Predijo que poco antes
de Su venida se apreciaría un repentino aumento de
"pestes, y hambres, y terremotos
en diferentes lugares", y que "el Evangelio
sería predicado en todo el mundo, como testimonio
a todas las naciones" (Mateo
24:7,14). ¡Tal como sucede actualmente! ¡Dijo
también que se incrementarían espectacularmente los
viajes internacionales, y que habría "muchos
corriendo de aquí para allá, errantes de mar a mar,
y la ciencia se aumentará enormemente"!
(Amós
8:11,12;
Daniel 12:4)
Agregó también que se producirá
"un gran abandono del Señor, los hombres
malos irán de mal en peor, engañando a muchos,
y el amor de muchos se enfriará". Como consecuencia,
"habrá angustia de las naciones de la
tierra, ¡desfalleciendo los hombres por el
temor!" (2Tesalonicenses
2:3;
2Timoteo 3:13;
Mateo 24:12;
Lucas 21:25,26) ¡Obviamente, todas esas señales se
están cumpliendo actualmente más que en ninguna otra
época!
¿Estás preparado para
que se "acabe el mundo" tal como lo conocemos
hoy, y para el pronto regreso de Jesús a la tierra
para establecer en ella Su Reinado de amor? ¡De
lo contrario, acéptalo hoy mismo en tu
vida! ¡Puede que mañana sea tarde!
Si deseas saber más
acerca de Jesús, Su plan y Su voluntad en cuanto a
ti, escríbenos a la dirección que figura más abajo,
y te pondremos en contacto con la comunidad de La
Familia más próxima. ¡Te amamos!
escríbenos
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